viernes, 18 de septiembre de 2015

Cínicos, estoicos y epicúreos

La filosofía cínica fue fundada por Antístenes en Atenas.
Había sido alumno de Sócrates y se había fijado ante todo en la modestia de
su maestro. Los cínicos enseñaron que la verdadera felicidad no depende de
cosas externas tales como el lujo, el poder político o la buena salud.
La verdadera felicidad no consiste en depender de esas cosas tan fortuitas y
vulnerables. Además no puede perderse cuando ya se ha conseguido.
Los cínicos opinaban que el ser humano no tenía que preocuparse por su
salud. Ni siquiera el sufrimiento y la muerte debían dar lugar a la preocupación. De
la misma manera tampoco debían preocuparse por el sufrimiento de los demás.
 
La filosofía estoica fue fundada por Zenón.
Según los estoicos, existe un derecho universal, el llamado «derecho natural». Debido a que el derecho natural se basa en la eterna razón del ser humano y del universo, no cambia según el lugar o el tiempo. El derecho natural es aplicable a todo el mundo, también a los esclavos. Rechazaron la idea de un antagonismo entre espíritu y materia. Según ellos sólo hay una naturaleza. Esto se llama monismo.
Los estoicos subrayaron además que todos los procesos naturales, tales como
la enfermedad y la muerte, siguen las inquebrantables leyes de la naturaleza. Por
tanto, el ser humano ha de conciliarse con su destino. Nada ocurre fortuitamente,
decían. Todo ocurre por necesidad y entonces sirve de poco quejarse cuando el
destino llama a la puerta.
 
La filosofía epicúrea fue fundada por Epicuro.
Epicuro decía que era importante que el resultado placentero de una acción
fuera evaluado siempre con sus posibles efectos secundarios.
Epicuro también decía que un resultado placentero a corto plazo tiene que
evaluarse frente a la posibilidad de un placer mayor, más duradero o más intenso
a más largo plazo.
Personas con angustia religiosa buscaban a menudo ayuda en el jardín de
Epicuro. En este aspecto, la teoría atomista de Demócrito fue un recurso contra
la religión y la superstición. Para vivir una vida feliz es muy importante superar el
miedo a la muerte.
Al contrario que los estoicos, los epicúreos muestran poco interés por la
política y la vida social.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Aristóteles III

Aristóteles pensaba que hay tres clases de felicidad. La primera clase de
felicidad es una vida de placeres y diversiones. La segunda, vivir como un
ciudadano libre y responsable. La tercera, una vida en la que uno es filósofo e
investigador.
Además subraya que las tres condiciones tienen que existir simultáneamente para que el ser humano pueda vivir feliz.
También en lo que se refiere a la relación con otros seres humanos, Aristóteles
señala un «justo medio»: no debemos ser ni cobardes ni temerarios, sino valientes.
Del mismo modo no debemos ser ni tacaños ni pródigos, sino generosos.

Tanto la ética de Platón como la de Aristóteles se remiten a la ciencia médica griega: únicamente mediante el equilibrio y la moderación seré una persona feliz o en armonía.
 
Aristóteles pensaba que las formas ideales de gobierno son la monarquía, la aristocracia y la democracia. Siempre y cuando no se lleven a un extremo.
 
Aristóteles pensaba más bien que a la mujer le faltaba algo. Era un «hombre incompleto».
Pensaba que un niño sólo hereda las cualidades del hombre, y que las cualidades del propio niño estaban contenidas en el esperma del hombre. La mujer era como la Tierra, que no hace más que recibir y gestar la semilla, mientras que el hombre es el que siembra. 0, dicho de una manera genuinamente aristotélica: el hombre da la «forma» y la mujer contribuye con la «materia».
 
 
 




Aristóteles II


Aristóteles fue un hombre meticuloso que quiso poner orden en los conceptos de los seres humanos. De esa manera sería él quien creara la lógica como ciencia.
 
Cuando Aristóteles se pone a «ordenar» la existencia, señala primero que las cosas de la naturaleza pueden dividirse en dos grupos principales.

Por un lado tenemos las cosas inanimadas, tales como piedras, gotas de agua y granos de
tierra. Estas cosas no tienen ninguna posibilidad inmanente de cambiar. Esas cosas «no vivas», sólo pueden cambiar, según Aristóteles, bajo una influencia externa. Por otro lado tenemos las cosas vivas, que tienen una posibilidad inmanente de cambiar.
 
En lo que se refiere a las cosas vivas, Aristóteles señala que hay que dividirlas
en dos grupos principales. Por un lado tenemos las plantas, por otro lado tenemos
los seres vivos. También los seres vivos pueden dividirse en dos subgrupos, es
decir, en animales y seres humanos.

Aristóteles se imaginaba que los movimientos de las estrellas y de los planetas
dirigen los movimientos en la Tierra. Pero también tiene que haber algo que ponga
en marcha los movimientos de los astros. A ese «algo» Aristóteles lo llama primer
motor o dios.

 
 

 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
  





 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 


 

En lo que se refiere a las cosas vivas, Aristóteles señala que hay que dividirlas
 
en dos grupos principales. Por un lado tenemos las plantas, por otro lado tenemos
los seres vivos. También los seres vivos pueden dividirse en dos subgrupos, es
decir, en animales y seres humanos.
 


 

 
 
 

Aristóteles I

Aristóteles pensaba que Platón había dado la vuelta a todo. Estaba de acuerdo con su profesor en que el caballo individual «fluye», y que ningún caballo vive eternamente. También estaba de acuerdo en que el «molde de caballo» es eterno e inmutable. Pero la «idea de caballo» no es más que un concepto que los seres humanos nos hemos formado.
Para Aristóteles las formas de las cosas son como las cualidades específicas de las cosas.
Esto quiere decir que Aristóteles está en desacuerdo con Platón en que la Idea de «gallina» sea anterior a la gallina.
 
Aristóteles pensó que todo lo que tenemos dentro de pensamientos e ideas ha
entrado en nuestra conciencia a través de lo que hemos visto y oído. Pero también
tenemos una razón innata con la que nacemos. Tenemos una capacidad innata para ordenar todas nuestras sensaciones en distintos grupos y clases. Así surgen los conceptos «piedra», «planta», «animal» y «hombre».
 
Aristóteles constata que la realidad está compuesta de una serie de cosas individuales que
constituyen un conjunto de materia y forma. La «materia» es el material del que
está hecha una cosa, y la «forma» son las cualidades específicas de la cosa.
 
Decimos que la comida y la humedad son condiciones para que puedan vivir los animales y las personas. Si no fuera por estas condiciones, nosotros no habríamos existido. Pero no es intención del agua ni de las naranjas darnos de comer. Pero Aristóteles pensaba que todo tenía una causa final, así que pensaba que la intención de la lluvia, por ejemplo, era que los animales y plantas crecieran.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


lunes, 14 de septiembre de 2015

Platón III

Según Platón, el cuerpo humano está dividido en tres partes: cabeza, pecho y vientre.
A cada una de estas partes le corresponde una habilidad del alma.
A la cabeza pertenece la razón, al pecho la voluntad, y al vientre, el deseo.
La razón debe aspirar a la sabiduría, la voluntad debe mostrar valor, y al deseo hay que frenarlo para que el ser humano muestre moderación. Cuando las tres partes del ser humano funcionan a la vez como un conjunto completo, obtenemos un ser humano armonioso u honrado. En la escuela, lo primero que tiene que aprender el niño es a frenar el deseo, luego hay que desarrollar el valor, y finalmente, la razón obtendrá sabiduría.
Platón se imagina un Estado construido exactamente de la misma manera que un ser humano. Igual que el cuerpo tiene cabeza, pecho y vientre, el Estado tiene gobernantes, soldados y productores (granjeros, por ejemplo). Cada uno tiene su función determinada para el bien del conjunto.
Y la educación de los niños era algo tan importante que no podía ser confiada a cualquiera. Tendría que ser responsabilidad del Estado educar a los niños. (Fue el primer filósofo que habló en favor de un sistema público de guarde- rías y colegios.)
Como el resto de la filosofía de Platón, también su filosofía del Estado se caracteriza por su racionalismo. Es decisivo para crear un buen Estado que sea gobernado por la razón. De la misma manera que la cabeza dirige el cuerpo, tiene que haber filósofos que dirijan la sociedad.

Podemos decir que Platón tenía una visión positiva de las mujeres, al menos si tenemos en cuenta la época en la que vivió.

Platón II

Platón cuenta una parábola que ilustra una moraleja. La solemos llamar el mito de la caverna.
Lo único que pueden ver esos moradores de la caverna es, por tanto, ese «teatro de sombras».
Han estado sentados en la misma postura desde que nacieron, y creen por ello, que las sombras son lo único que existe. Uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de dónde vienen todas esas sombras de la pared de la caverna y, al final, consigue soltarse. Lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le cegará. También le cegarán las figuras nítidas, ya que, hasta ese momento, sólo había visto las sombras de las mismas.
Pero después de haberse restregado los ojos, se habría dado cuenta de la belleza de todo. Por primera vez, vería colores y siluetas nítidas. Vería verdaderos animales y flores, de los que las figuras de la caverna sólo eran malas copias.
Ahora, el feliz morador de la caverna podría haberse ido corriendo a la naturaleza, celebrando su libertad recién conquistada. Pero se acuerda de los que quedan abajo en la caverna. Por eso vuelve a bajar. De nuevo abajo, intenta convencer a los demás moradores de la caverna de que las imágenes de la pared son sólo copias de las cosas reales. Pero nadie le cree. Señalan a la pared de la caverna diciendo que lo que allí ven es todo lo que hay. Al final lo matan. Lo que Platón describe en el mito de la caverna es el camino que recorre el filósofo desde los conceptos vagos hasta las verdaderas ideas que se encuentran tras los fenómenos de la naturaleza. Seguramente también piensa en Sócrates, a quien mataron los «moradores de la caverna» porque hurgaba en sus ideas habituales, queriendo enseñarles el camino hacia la verdadera sabiduría.

Platón I

Resumiendo mucho, podemos decir que a Platón le interesaba la relación entre lo eterno y lo inalterable, por un lado, y lo que fluye, por el otro.  Más concretamente lo que es eterno e inmutable en la naturaleza y en cuanto a la moral y la sociedad.

Se puede decir que los sofistas pensaban que la cuestión de lo que es bueno o malo, es algo que cambia de ciudad en ciudad, de generación en generación. Sócrates, por ejemplo, no pensaba lo mismo, pues quería encontrar verdades universales.

Absolutamente todo lo que pertenece al mundo de los sentidos está formado por una materia que se desgasta con el tiempo. Pero, a la vez, todo está hecho con un eterno e inmutable. Lo que es eterno e inmutable son los modelos espirituales o abstractos, a cuya imagen todo está moldeado.
Es decir, el molde de caballo es eterno e inmutable, mientras que un caballo puede ser blanco y joven, otro puede ser marrón y viejo.
A estos moldes eterno e inmutables, Platón los llamó Ideas. Platón pensaba que tenía que haber una realidad detrás «del mundo de los sentidos», y a esta realidad la llamó el mundo de las Ideas.

Lo que dice Platón del mundo de los sentidos es que no podemos saber nada con seguridad sobre algo que cambia constantemente, sólo podemos tener ideas vagas sobre lo que sentimos, pero sí podemos conseguir conocimientos ciertos sobre aquello que reconocemos con la razón.

A Platón le interesaban mucho las matemáticas, porque las relaciones matemáticas jamás cambian. También pensaba que el alma era inmortal.