La filosofía cínica fue fundada por Antístenes en Atenas.
Había sido alumno de Sócrates y se había fijado ante todo en la modestia de
su maestro. Los cínicos enseñaron que la verdadera felicidad no depende de
cosas externas tales como el lujo, el poder político o la buena salud.
La verdadera felicidad no consiste en depender de esas cosas tan fortuitas y
vulnerables. Además no puede perderse cuando ya se ha conseguido.
Los cínicos opinaban que el ser humano no tenía que preocuparse por su
salud. Ni siquiera el sufrimiento y la muerte debían dar lugar a la preocupación. De
la misma manera tampoco debían preocuparse por el sufrimiento de los demás.
Según los estoicos, existe un derecho universal, el llamado «derecho natural». Debido a que el derecho natural se basa en la eterna razón del ser humano y del universo, no cambia según el lugar o el tiempo. El derecho natural es aplicable a todo el mundo, también a los esclavos. Rechazaron la idea de un antagonismo entre espíritu y materia. Según ellos sólo hay una naturaleza. Esto se llama monismo.
Los estoicos subrayaron además que todos los procesos naturales, tales como
la enfermedad y la muerte, siguen las inquebrantables leyes de la naturaleza. Por
tanto, el ser humano ha de conciliarse con su destino. Nada ocurre fortuitamente,
decían. Todo ocurre por necesidad y entonces sirve de poco quejarse cuando el
destino llama a la puerta.
La filosofía epicúrea fue fundada por Epicuro.
Epicuro decía que era importante que el resultado placentero de una acción
fuera evaluado siempre con sus posibles efectos secundarios.
Epicuro también decía que un resultado placentero a corto plazo tiene que
evaluarse frente a la posibilidad de un placer mayor, más duradero o más intenso
a más largo plazo.
Personas con angustia religiosa buscaban a menudo ayuda en el jardín de
Epicuro. En este aspecto, la teoría atomista de Demócrito fue un recurso contra
la religión y la superstición. Para vivir una vida feliz es muy importante superar el
miedo a la muerte.
Al contrario que los estoicos, los epicúreos muestran poco interés por la
política y la vida social.