Según Platón, el cuerpo humano está dividido en tres partes:
cabeza, pecho y vientre.
A cada una de estas partes le
corresponde una habilidad del alma.
A la cabeza pertenece la
razón, al pecho la voluntad, y al vientre, el deseo.
La razón debe aspirar a la sabiduría, la voluntad
debe mostrar valor, y al deseo hay que frenarlo para que el ser
humano muestre moderación. Cuando las tres partes del ser
humano funcionan a la vez como un conjunto completo,
obtenemos un ser humano armonioso u honrado. En la escuela,
lo primero que tiene que aprender el niño es a frenar el deseo,
luego hay que desarrollar el valor, y finalmente, la razón
obtendrá sabiduría.
Platón se imagina un Estado construido exactamente de la misma
manera que un ser humano. Igual que el cuerpo tiene cabeza,
pecho y vientre, el Estado tiene gobernantes, soldados y
productores (granjeros, por ejemplo). Cada uno tiene su función
determinada para el bien del conjunto.
Y la educación de los niños era algo tan importante
que no podía ser confiada a cualquiera. Tendría que ser
responsabilidad del Estado educar a los niños. (Fue el primer
filósofo que habló en favor de un sistema público de guarde- rías
y colegios.)
Como el resto de la filosofía de Platón, también su filosofía del
Estado se caracteriza por su racionalismo. Es decisivo para crear
un buen Estado que sea gobernado por la razón. De la misma
manera que la cabeza dirige el cuerpo, tiene que haber filósofos
que dirijan la sociedad.
Podemos decir que Platón tenía una visión
positiva de las mujeres, al menos si tenemos en cuenta la época
en la que vivió.
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